El beso de las bestias (IV)

June 29th, 2008, 9:10 pm

Hermes llega esa noche agotado. La cabeza había dejado de pensar, y los movimientos son automáticos, por inercia, sin importancia ni consciencia. Mirta ya no está. En un año toda su vida había cambiado: su hijo descansaba bajo toneladas de lúgubre y húmeda tierra y Mirta… no está, simplemente ha desaparecido. Se sienta en el mismo lugar donde lo hizo el día que velaban a su hijo. Decaído, atrapado en su tristeza y en sus recuerdos. Llevaba días recordando el día que conoció a una pelirroja descocada que corría por las playas del norte. Un pequeño bañador blanco y una risa escandalosa recordaban a todos los que allí estaban que aquella dama rizada existía y corría completamente despreocupada, mientras otra mujer la perseguía entre murmullos y rechinar de dientes. Ese día, Hermes se enamoró por primera vez y para toda la vida, aunque Mirta no sospechaba siquiera que aquel chico moreno y tímido la observaba con el objetivo de conseguirla. Y ahora, la había perdido en una maleta repleta de arena.

En otras latitudes, un vestido estampado en cuadrícula esconde el grandioso temor de verse sola por primera vez. “Son tiempos difíciles”, recuerda la mujer de la pasarela del barco con lágrimas en los ojos. Por un momento, mira atrás, esperando encontrar la respuesta a su búsqueda, y sus piernas siguen avanzando para adentrarse en la cubierta del barco. Era completamente imposible que Hermes estuviera allí. Tres días en autobús le separaban de la ciudad y pronto incluiría días en barco con dirección Canadá. Bombardea su cabeza con pinceladas de autoconvencimiento, tiene que ser mejor para el hombre al que todos tienen miedo que crea que la ha abandonado. Entrega el billete al final de la pasarela, y el auxiliar del buque la observa extrañado.

- ¿Viaja sola? - pregunta el hombre de la barba rubia con aires de imperioso machismo marinero.
- Sí, mi marido me espera en la ciudad de destino.

El marinero observa a la mujer: pequeño maletín en la mano, y una nota sudada en la otra a la que se aferra con fervor. Mira sus pliegues, la tinta desteñida por la presión de tres días en su mano, pero en el momento de preguntar por la nota, el capitán anuncia con el silbato la salida del puerto y el comienzo del viaje. Un hombre que sudaba malas maneras y armado con una boina y un abrigo marrón, implora al marinero que deje la inspección y que les haga pasar. La sangre de Mirta se acelera por momentos, si aquel trabajador leyera la nota probablemente llamaría a la policía del barco y nuevamente a su marido, y nada de eso tenía que pasar. El tiempo se había parado, el secundero. El hombre la mira, ella ser esconde detrás de unas gafas de sol y un pañuelo que le cubre el cabello. Finalmente, el rudo e impaciente caballero hace uso de la fuerza, y Mirta se adentra en cubierta sin problema, releyendo mentalmente la nota

“Llama a este número. Tu hijo está vivo, no por mucho tiempo.”

No a las generalidades.

June 26th, 2008, 4:42 pm

Mi madre se pasó quince años gritándome y castigándome por no arreglar la habitación; actualmente puedo asegurar que se puede hacer una operación a corazón abierto en el suelo de mi casa. Soy un desastre: fumo demasiado, salgo demasiado, y nunca me acuerdo de los nombres, aniversarios ni cumpleaños. Llevo una agenda a todas partes para apuntar todos los planes que surgen, me encantan las listas, los esquemas e ir con prisa a todos lados. Odio la pasividad y a los vagos. Desayuno helado de vainilla siempre que puedo. Me he acostado con hombres que ni siquiera me gustaban sólo por curiosidad y por necesidad hormonal. He viajado 600 km para estar en mi día de descanso con unos amigos, sólo porque les echaba de menos. He bailado encima de la barra de un bar por lo menos cincuenta veces. Estuve tres veces a punto de morir en un hospital. Nunca tuve problemas de drogas. Me faltan al menos 5 kilos, aunque mi médico dice que son 12. El único continente que me queda por visitar es la Antártida. Me gustaría jubilarme en Salvador de Bahía y dedicarme a arreglar barcos y bucear el resto de mi vida.

Soy incapaz de mantener una pareja, no creo vínculos emocionales y la mayoría terminan harto de tantos silencios o de crudas palabras. Quiero a mis hermanos más que a mí misma. Considero que hay demasiadas mentes simples en el planeta. No me gustan los niños, pero todos me los confían a mí cuando necesitan que alguien los cuide. La geometría se dibuja en mi cuerpo en forma de lunares. Suelo llevarme mejor con los hombres que con las mujeres. Mi piel es completamente blanca y suelo tenerla siempre llena de morados. Llevo escrito “inconstante” en la frente y la impuntualidad me tuerce el ánimo. Nunca espero más de diez minutos a una persona. La vulgaridad es algo que debería ser erradicado, para imponer el orden de la elegancia. Ayer lloré de alegría al ver a mi sobrina recien nacida, no por el hecho del nacimiento sino porque lo es todo para mi hermana. Pienso que nunca se exige lo suficiente a uno mismo y exijo demasiado a las personas que están a mi alrededor. Desistí del entendimiento ajeno hace tiempo, aunque aún tengo un halo de esperanza. Dije “Sí” a una proposición de matrimonio.

Soy atea, aunque menciono a Dios demasiado en mis injurias. Me gusta emborracharme con tequila y cerveza. Los domingos por la mañana escucho The Carpenters sólo porque me ponen de buen humor y con doce años ya cantaba los diez minutos de “American Pie”. El primer disco que me compré fue uno de Elvis. Con seis años hablaba cuatro idiomas. Mi lista de prioridades es la siguiente: trabajo, amistad, salud, amor y familia. Jamás mentiría sobre un embarazo. Pagaría lo que fuera por volver a tener diecisiete años. Admiro a mi padre a pesar de todo, sólo por ser un alma sincera. Algún día volveré a vivir los fríos inviernos de Amsterdam, y me quedaré para siempre. Monto a caballo cuando puedo. Puedo argumentar y defender una postura que no comparto personalmente sólo por el placer de ver a los demás argumentar. Me comporto como una niña de cinco años habitualmente y arrastro a los demás a hacer lo mismo.

Y ahora, olvida todo lo que te he dicho. Probablemente, mañana sea otra persona completamente diferente y reniegue de esto.

[Audio: The Cranberries - Ode to my family]

Cuándo.

June 11th, 2008, 5:30 pm

Se hunde entre tus brazos, como se envuelve el perezoso en el sillón y con una sonrisa en los labios, cierra los ojos. Los surcos recientemente adquiridos hablan de felicidad, y respira, apacible.

Es increible la manera en la que ama un niño. Cómo es capaz de perdonar a aquellos que se pusieron en su contra. Cómo desahucia lo que le hace daño. Cuan rápido aprende que no sufrirá nunca en vano. Cómo se tiran sin miedo a la piscina de la verbalidad, disfrutando de cada segundo y de cada historia, sin juicios ni obligatoriedad.

Me pregunto cuándo fue el momento exacto en el que abandonamos la ternura y el estatus de alma pura.

Las bambalinas del mundo.

June 2nd, 2008, 5:24 pm

Las puertas se abrieron a la hora prevista. Las lámparas le daban el aspecto sórdido que se merecían aquellos que allí se encontraban, y el olor a humedad de las paredes de aquel antiguo teatro apenas se percibía gracias al almidón de los cuellos de los caballeros que tomaban cognac y fumaban en el vestíbulo compartiendo carcajadas con obesas y ricas damas. Narciso había tomado forma, era seda, encajes, gemelos de marfil y aceitosos cabellos.

Las conversaciones fluían conservadas en artificial frivolidad y se gozaban más entre tocadores y sábanas de amantes. Era un escaparate del poder, que repugnaba a todo ser humano que no perteneciera a esa raza que cohabita con el mundo en las urbes más importantes.

Era la hora, y el lugar apropiado para penetrar en sus mentes y destrozarlas desde el interior. Una mujer de grandes pechos no paraba de repetir que eran unos afortunados por estar allí para ver la primera obra del que se esperaba fuera el gran maestro del cine del siglo XX, ella misma había financiado todos los gastos que le habían surgido al hombre bajito del traje marrón para filmar y que le había asegurado que “nunca había visto nada parecido”.

De manera pausada fueron entrando las inocentes criaturas, y no volvieron a salir. En las primeras escenas, un hombre canoso y lánguido rompió a llorar sin más, y dos mujeres en la primera fila se desmayaron por la excitación. Más tarde, algunos intentaron huir como las hormigas del fuego, atropellando los cuerpos que se encontraban a su paso. Los ataques se sucedieron, las mujeres arrancaban los bellos tocados de las que se encontraban a su lado, el vivaracho gordo del bombín arrancaba la carne de un cadáver con sus propios colmillos salpicando de sangre su elegante traje, y los demás se sodomizaban, torturaban y violaban. La destrucción había entrado para quedarse en sus cuerpos y mentes. Todos ellos bajo la atenta mirada del pequeño hombre del traje marrón. Las imágenes no le perturbaban ni por un sólo segundo. De hecho, parecía saborear el momento de la destrucción de lo que él consideraba el cáncer de la sociedad. Él había destapado mediante el filme las peores creaciones del hombre enfermo: la envidia, la guerra, el odio y el deseo imparable de absorber a los seres vivos.

Aquella sala de proyección, era la mayor exposición de las bambalinas del mundo. Al día siguiente, los supervivientes despertaron entre los restos del horror que se había vivido, sin recordar nada en absoluto. El gordo vivaracho descansaba sobre un charco de sangre, el lánguido hombre del fondo no había parado de llorar durante toda la noche y las mujeres que destruían los atuendos de las otras amanecieron empapadas en fluidos ajenos. Sodoma y Gomorra, los ciudadanos más respetables de la ciudad habían creado una auténtica hecatombe sobre el fieltro burdeos.

La vergüenza tiñó el aire, y nadie más supo del hombre del traje marrón. Eran las víctimas y los verdugos de la verdad.

Get me drunk each night.

May 21st, 2008, 5:06 pm

He de dar las gracias a un amigo que fue el que me compró la entrada (… porque seguro que llega una semana antes de la fecha y dices “Sniifff Snifff ya no quedan entradas, qué asco”…) y me la regaló por navidades, porque tenía razón, no tengo vergüenza ni para lo mío.

Al principio, como no sé ni donde estoy puesta en pie, pensé que era el 18 de abril, y fue E. quien me abrió los ojos (vaya gracia presentarme en Málaga capital un mes antes de lo previsto para volver a mi casa con las manos vacías y los oídos secos). Después no encontraba la manera de saber la hora y tampoco es que me moviera una barbaridad para solucionar el problema, básicamente porque lo ponía en las entradas.

Todas las señales apuntaban a que, efectivamente, no iría al concierto por malacabeza, pero no, ya se fraguaban los problemas desde un principio: que si viene tal conmigo, que si el otro no puede, que si al de más allá no le gusta… Y hasta las seis horas antes de que empezara el concierto no estaba segura de si tenía que ir sola o no, menos mal que E. siempre está ahí para aprovechar cosas gratis.

¿CÓMO COJONES SE VA A UN CONCIERTO EN EL TEATRO CERVANTES?

Como te salga de los mismos, porque a mi lado tenía una vieja de las que siguen el ritmo con los dedos, delante unas perroflautas de estrambóticos peinados y detrás unos fashionvictims (pantalones vaqueros amarillos incluídos).

No contentos con la fauna que allí se encontraba, tuve que repetir unas cuantas veces que no trabajaba allí y que no venía con ellos (referente a un grupo de chicos con un tablón alcohólico considerable en sangre). Pero por fin llegué a mi asiento. Y se me acabaron las pilas de la cámara, como no podía ser de otra manera.

Yo esperaba quedarme dormida por la relajante música y los maravillosos asientos del teatro, pero fue un concierto de verdad (aunque obviamente no se puede comparar con uno de Marea). Espectáculo de luces a juego con la estética, Leonor Watling tiene un vozarrón tremendo aunque no se peine por detrás ni se planche el vestido, Alejandro Pelayo es cómico y hombre orquesta (xilófono, piano de pared, modulador, bajo, voz) y todos los músicos que allí se encontraban tenían sus particularidades que hacían que E. y yo cada 30 segundos aproximádamente metiéramos nuestros comentarios freaky-jocosos.

Estoy de acuerdo con la Watling en que “Get me drunk each night” es el paradigma del amor: Estúpidas canciones de amor, pequeñas lecciones de dignidad desde una ventana y resacas muy jodidas al día siguiente.

P.D. El cantante de Fine Young Cannibals es el primo de Rijkaard (Hala, ya lo he dicho).

[Audio: Marlango - Once Upon a Time]

Camino a casa.

May 10th, 2008, 9:28 pm

Mis pies descalzos ya no soportan más pasos lejos de casa. Si tomara ese tren que parece tener prisa, ¿me esperarías con los brazos abiertos? Probablemente, si supieras que en unas horas estaría junto a ti, me llevarías a casa y me dirías entre lágrimas:

“Cuéntame, ¿Qué hiciste en este tiempo?”.

Yo miraría los posos de la taza, sonreiría y te diría hasta el más íntimo detalle. Te contaría que desde que me marché no he vuelto a dormir tranquila una sola noche, que conocí mucha gente y que la mayoría no tardaron en huir, que el aire viciado me hizo apreciar a cien personas equivocadas, que miré a los ojos a mil demonios humanos y a pesar de ello nunca perdí la fé, que descubrí el sentido de un millón de palabras inconclusas, que bailé sobre las partituras de la canción más triste que se haya compuesto nunca y que por una vez, una única, eterna y maravillosa vez, fui amada por un hombre de la manera que sólo un alma pura puede amar. Al terminar el lustro de historias que sucedieron sin tí, pestañearías como la primera vez que me viste respirar.

“¿Y qué pasó?”, preguntarías entre preocupaciones.

Entonces yo sólo podría contestar la más bochornosa verdad.

“Lo siento mamá, tenías razón, aprendí que hay cosas que nunca aprenderé a hacer bien”.

La nostalgia de esa casa me puede, mamá. Me gustaría no tener que conocer más bombillas de diferentes intensidades, ni nieves en estaciones tempranas, no quiero volver a llorar sola ni recordar cuán amargas pueden ser las despedidas. Ya no quiero más, desintoxícame y salva mi alma. Todavía estás a tiempo; es que el pasado duele, y mucho, sobre todo cuando el pasado es en realidad, el más agonizante presente.

“Las personas odian demasiadas veces. Mamá este mundo no me gusta, llévame a otro.”

[Audio: Manu Chao - Me llaman calle]

Exquisita soledad.

April 23rd, 2008, 5:31 pm

Sam balanceaba la pierna, atraída por la gravedad terrestre desde el filo del muro de la azotea donde estaba sentada. Eran las tres de la madrugada, pero ella nunca se sentía cansada para darse un baño de luna. Cerraba los ojos, siempre lo hacía, decía que así se podía sentir mejor. El desierto y sus vientos habían traído la calma a la ciudad en forma de brisa cálida y renovada; un mal necesario para todos los habitantes que allí se encontraban.

Aquella era la ciudad de las almas perdidas, de las mentes torturadas por el pasado, del arte dañado y las palabras hirientes; y, al contrario de lo que se pueda pensar, el miedo les unía de una forma tan deliciosa como frágil. A Sam le gustaba vivir allí, fuera donde fuera, siempre estaba en esa ciudad donde las palmeras se agitaban con los pensamientos de los viandantes. A veces, necesitaba sentirse abandonada, como en este instante, e intentar expulsar todo pensamiento positivo sobre lo que le hacía daño. En este caso, el dolor tenía nombre y apellidos: Ike Ehrenboren. Apenas recordaba su olor, pero podía dibujar el mapa de sus lunares corporales, y esa mirada… Tal vez fuera la primera vez, la primera verdadera vez que añorara a un hombre tanto como para sentirse ahogada.

Pese a ello, no se arrepentía de haberle desahuciado de su vida. Lo que estaba pasando era un mal necesario, o eso intentaba hacerse creer a sí misma. A veces, frecuentaba los sitios donde sabía que él estaría, sólo para saber que seguía estando ahí. Quién sabe si él seguía yendo a esos sitios para que ella supiera que seguía estático esperando. Nunca intercambiaban palabras, ni tan siquiera compartían el oxígeno de aquellos lugares, no necesitaban verse ni tocarse para saber que habían estado allí. Las piedras del camino, las hojas de los árboles, y hasta la arena que transportaba el viento cambiaban cuando alguno de los dos respiraba a minutos del otro.

Sam estaba enfadada de una extraña manera con Ike, como se enfadan las niñas cuando les quitan el pajarito herido que salvaron de una muerte segura. No quería sus palabras, ni sus emociones, ni tan siquiera su presencia, no las necesitaba, pertenecían a él. Sólo entre calada y calada del cigarro, balanceo y balanceo de sus pies, murmuraba “Devuélveme mi luz, la que tantas veces me pediste. Devuélvemela, me la has robado”. Pero Ike nunca escuchaba sus lamentos. Sólo percibía el paisaje y su aliento en la brisa.

El desierto reflejaba lo que eran: almas en transparencias de exquisita soledad.

[Audio: Norah Jones - What am I to you]

Introducción y Capítulo I.

April 21st, 2008, 5:27 pm

Tantos años llevo escuchando aquello de “es que a las mujeres no hay quien os entienda”, “mi novio es subnormal” y “tan difícil no puede ser prestar un poco de atención”; tantos años llevamos quejándonos de que no nos tratan como nos merecemos y después de recibir algunos e-mails de lectores penando y llorando por sus situaciones sentimentales catastróficas, me he decidido (junto con La terrible). Vamos a empezar el manual básico para la psicología femenina basándonos en las conversaciones que hemos tenido con otras mujeres y en propias experiencias, y es que hay muchísimas guías para encontrarle el punto G, H, F, y X a tu pareja, pero ¿cuántas hay para entenderlas?

He de hacer una pequeña aclaración, y es que lo que digamos no hay que seguirlo al pie de la letra, porque hay tantos tipos de mujeres como colores, pero sí que puede ser un apoyo para entender ciertos tipos de comportamientos.

El capítulo de hoy abarca esos cambios de actitud repentinos en las relaciones que comienzan o acaban de romperse, y vamos a titularlo:

Los caprichos masculinos nos divierten, pero sólo un ratito.

Nos divierte la pasión o interés que les ponen a ciertos asuntos, pero si permanentemente tienen arranques absurdos como “tengo el ego demasiado grande para saludarte pero te pago una copa desde el final de la barra”, nuestra paciencia se convierte en un bien escaso. Esto no significa que tengan que ser perritos falderos, sino que hay que saber medirse. El comportamiento penecéntrico de un hombre en una situación emocional inestable lo único que va a producir es la huida de la mujer y que ésta se comporte como la más zorra del lugar (probablemente, quemándole la sangre, castigándole con la indiferencia o siendo sarcástica y cruel). Por lo que si quieren destrozarse anímicamente, adelante, sigan con este comportamiento inmaduro, idiotizado y ególatra; pero si aún valoran su estado de salud mental, racionalicen sus actos y bájense los pantalones.

Ahora respiren hondo y no se sientan atacados. Sólo es una pequeña ayuda para hacernos llevar mejor las relaciones entre nosotros ya que estamos condenados a aguantarnos. En su caso, una mujer diría:

“Ya quisiera yo que los hombres hicieran esto por mí”.

P.D. Las piedras más abajo, donde pone “Comentarios”. :)

Silla (coja) de poder.

April 15th, 2008, 7:54 pm

El poder engendra poder, y sus pequeños pero arrebatadores bastardos son: el dinero, el sexo, la belleza y la inteligencia. Es por eso que solemos hablar de un triángulo de poder: el sexo genera dinero, y el dinero puede proporcionarnos la belleza; pero ¿dónde queda la inteligencia? Extrañamente, ninguno de los pilares anteriormente mencionados puede proporcionarnos o conducirnos hacia la inteligencia (nada que ver con los conocimientos o la información propiamente dichas).

Esta reflexión nocturna y desafortunada para aquellos hambrientos del control me lleva a trasladar el tema a las relaciones humanas. No es ningún descubrimiento que todos y cada uno de nosotros solemos elegir parejas que mantengan alguna relación con nuestro ámbito o sector del virtuosismo; es decir, buscamos personas que estén a nuestro mismo nivel o superior: status social y económico, físico, gustos sexuales y apetito sexual similares, y, definitivamente, que sacien nuestras mentes tanto como nuestros cuerpos y bolsillos. Es por eso por lo que podríamos generalizar diciendo que, al fin y al cabo, el ser humano es ambicioso por naturaleza, sobre todo en cuanto a procreación se refiere.

Recreación de esta postulación personal.

Un hombre agradable, económicamente independiente, sexualmente activo de manera saludable, con una cultura vagamente insuperable dentro de sus posibilidades, educado y cordial y, además, físicamente imponente.

Obviamente, sabemos que estamos tratando con una especie fuera del promedio, así que comienza el espectáculo: exponemos todos nuestros talentos cual pavo real mostrando orgulloso su atrayente y cuidado plumaje. Si el individuo en cuestión es astuto, sabrá hacerlo de manera cautelosa y sutil, haciendo parecer la presa perfecta y nunca ofreciéndose cual vulgar pollo de supermercado.

Pero desde hace 4000 años el ser humano tiene el mismo problema: los instintos primarios han pasado a un segundo plano de frivolidad social, siendo sustituidos éstos por el lenguaje, y “lenguaje” no implica necesariamente “comunicación”. En los inicios de nuestra peluda existencia, el principal problema que teníamos era la carencia del lenguaje; hoy día, es el uso y desuso que se le da. La palabra ha pasado a ser una herramienta de maldad, necesaria para mentir, engañar, y manipular a nuestro antojo con el único fin de conseguir el capricho diario, en lugar de ayudarnos a expresar y dar a conocer nuestras necesidades y cuestiones de vital importancia, ya sea colectiva o personal.

En las relaciones laborales, se callan o anulan las carencias propias por prudencia. En la famlia, por necesidad e imposición social. En la sanidad, para evitar demandas. Y en la pareja, no se evita nada, no se es prudente, simplemente… interactúan egos mal entendidos.

¿Cuánto cuesta decir que nos hemos equivocado? ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que renunciemos a intentar enmendarlo? ¿Por qué somos incapaces de dar la cara y decir “ya no te quiero” o “lo siento, empecemos de cero”? ¿Acaso abrir y contar hasta el más último detalle de las sensaciones que te produce esa otra persona es dejar en sus manos tu futuro?

Lo único cierto es que, queramos o no, nos seduce el poder, y nos cuesta renunciar a ello.

[Audio: W.A.Mozart - Introutius Requiem ]

Me and my head high.

March 21st, 2008, 11:55 pm

Sam deja descansar su cuerpo desnudo y sudoroso sobre el colchón. Él arruga las sábanas por debajo de su ombligo, y Sam parece estar en paz, claro indicador de que todo es un desastre.

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- Los amantes existen, por mucho que me dijeras que no. Los artistas existen, por muchas veces que repitas que son iconos literarios.- susurra Sam mirando la mesilla de noche.

- ¿Y con eso qué quieres decir? - Ike exhala el humo del puro, sin darle demasiada importancia.

- Su amor es mucho más fuerte que el que tú me das, porque el dolor de antaño les une.

La mira. Es increíble, pero no ella no le da miedo. La siente como a una cervatilla herida que arremete contra todo lo que se mueve a su alrededor.

- Odio cuando te pones misteriosa. No me cuentes historias y habla claro, Sam.

- Ya no te quiero.- pronuncian sus labios con una templanza y seguridad que duele.Ike pega un salto y la mira. Sus ojos están helados, no pestañea, no le ve. Intenta tocarla, pero ella se resiste y esquiva cualquier acercamiento a su piel.

- ¿Acaso no soy lo suficientemente bueno para tí?

Sam se levanta de la cama, dejando entrever un escorpión en un hombro a modo de tatuaje. La delicada bata de seda azul se contonea al ritmo de los pasos descalzos que da por la casa. La respiracion nerviosa y entrecortada de Ike implora explicaciones a ese cuerpo desnudo y despreocupado.

-¿Por qué?

- Me importas y es un problema que tengo que arrancar de raíz.

- Estás completamente loca, majara, tienes la mente hecha basura.

- Sí. Ahora vete, pero llévate esto… - Toma la cara de aquel hombre de ojos oscuros con delicadeza, le besa en la mejilla y le susurra al oído - Gracias y adiós. Pero ante todo, gracias.

[Audio: Amy Winehouse - Back to black ]